romotas@rgranma.icrt.cu-Qué quieres hoy?. La mirada escruta al hombre acusadoramente.
-Lo de siempre- Los ojos le brillan y una mueca dibuja el rostro del recién llegado.
-Coño, chico, y cuándo vendrás acompañado. Yo alquilo para parejas. Ya te lo he dicho varias veces…esa mierda tuya de estar…
-Vamos, no jodas con eso socio, yo pago y siempre te pago el doble…- le interrumpe el recién llegado mientras le chispean los ojos.
-No te ofusques, solo bromeaba. Mira, a las nueve tendré clientes, ven antes, eso si, que no falte el dinero.
-Ese, ese está oyendo la conversación. Agustín da la espalda y se encamina hacia la puerta, la traspasa y se pierde en el bullicio de la calle.
-Vamos… deja el miedo que nadie nos vio entrar-. Dice y pone en sus palabras el mayor convencimiento.
-Recuerda eso de que siempre hay un ojo que te ve-. Asustada mira para todos lados, el cuerpo le tiembla aunque sabe que están entre cuatro paredes.
-Muchacha, a esta hora nadie está pa´ eso. Ven, bésame-. Le toma de la mano y la acerca. El beso flota sobre los labios primero y después se adhiere. Ella suspira y se pega al cuerpo varonil. La música de la grabadora sale suave y se esparce pegajosa en el cuarto.
-Esa hembra si que está buena. Mira eso…!Ñooo! -. Pega aún más el ojo a la ranura de la puerta del escaparate y mira con avidez las esculturales líneas de la mujer. Sin hacer ruido, se desabrocha la portañuela. Tiene el mejor ángulo del cuarto hacia la pareja.
-espera, espera, ¿no vas a apagar la luz?. Sus ojos reflejan súplica.
-No, nena, quiero admirarte a plenitud. Dice el hombre instándola a quitarse la ropa más de prisa. -Mira cómo me tienes, nena, vamos apúrate?
-No cambias- sonríe mientras lo mira con lujuria. Se desviste con movimientos rápidos, con la cadencia que la música impone al gesto. Su desnudez excita aún más al hombre.
-Ñoo, que cuerpo... Esta es la mejor hembra que he visto. Ñoo, esa si es una mujer, ¡que espalda! ¡que nalgas! Y ese lunar... avemaría purísima, eso es señor lunar...
-Acércate, acércate puñetera-. la toma de la mano atrayéndola hacia él.
-soy toda tuya-. La sonrisa juguetea en los labios femeninos.
-Estás para comerte...- atina a manifestar, con los ojos como ascuas. La muchacha toma la iniciativa y lo arrastra hacia la cama. Lo empuja y cae de espaldas. Se le sube encima y comienza a besarle las tetillas, baja, llega hasta el ombligo. Sigue. El se estremece.
Satisfecha con lo que logra, se acuclilla sobre el hombre. Baja lentamente hasta sentirse a gusto. Lleva los brazos a la cabeza y se sube el pelo como abanico. Comienza a moverse en círculos, muy despacio al principio, hasta alcanzar un ritmo vibratorio y violento.
-Te gusta, papi, te gusta así… dime, vamos dime que te gusta. Los ojos semicerrados y la boca entreabierta, como hoja a la deriva en su inevitable camino hacia el suelo, ida de este mundo.
-Eso es.. sigue, sigue así, puñetera... coño, esta si que me ha puesto mal. El hombre se soba sus genitales suavemente, demorando el gesto entre subir y bajar. ¡Ah! Una mujer así me haría feliz... ¡Noo! que rico... pero que rico...
-qué haces ahora, por Dios- exclama embobecido y jadeante.
-solo me doy vuelta, mi vida, quédate tú como estás-. La mujer detiene los movimientos de la cadera, pasa una pierna por encima de la cintura varonil y queda arriba del hombre, pero de cara a los pies.
-Esa cara por Dios, se me parece a la de alguien, lastima que el pelo lo tenga por delante. A ver, mueve la cabeza para que se separe el pelo. Eso es...eso es...coño parece que me adivina el pensamiento. Así, así está mejor…Carajo, qué es esto, coño, se parece a mi mujer. La idea se incrusta en la mente del hombre y se agiganta como incendio que lo devora todo. Dios Santo que dolor en el pecho, esto no está pasando. Esa es mi mujer, coño…ya sabía yo que ese lunar me parecía conocido... maldito lunar, debería habérselo borrado antes de entrar... El hombre dentro del closet se ha quedado paralizado, las manos descansan inertes a los lados del cuerpo. Solo la mirada escapa por la ranura en busca de la imagen exterior de una mujer que se le incrusta en la pupila como fuego. -
-Tu eres mi macho, mi macho rico-. Dice ella mientras se convulsiona sobre el hombre en la cama.
Es ella, coño, esa maldita es mi mujer-. ¿Dios santo qué hago? Está petrificado contra la puerta del escaparate, comienza a sudar copiosamente. Siente rabia – salgo y la mato- oye la voz dentro de su mente, el cuerpo no le responde a movimiento alguno. ¿Qué me pasa, coño, qué me pasa...? Ay Dios Santo, cómo controlo esta rabia... este miedo. –no puedes salir ahora- le dice otra voz en el subconsciente. Ah carajo, qué hago.
–Así, gózame, macho rico, gózame.
Coño, qué me está pasando…Soy o no soy hombre, coño; Óyela, óyela como jimiquea la puñetera… es para volverse loco…coño…deja respirar profundo, así, ahhh, así, suave para que no me oigan, pero tengo que respirar profundo… así… así está mejor… debo controlarme, así, así…
-Vírate, vírate nena…
Y se dejó por ahí...ah cacho cabrona a mi me pones miles de peros... las mujeres son una trampa. Coño pero que cosas digo... yo mato a esa hija de p...Pero cómo concho si no puedo salir de aquí...Si salgo me descubren...mejor es estarse quieto y esperar... ¡esperar qué carajo...! ver como mi mujer tiempla con otro tipo... ¡Ah! esto es insoportable. ¿Qué haría otro hombre en mi lugar...?, ni imaginarme quiero...
-Te gusta, dime que te gusta.
-Loco, eres un loco… -La mujer se estremece, aferrándose con los brazos extendidos hacia atrás, a los muslos del hombre.
Mírala, mírala como si no hubiera pasado nada... es una perra... si, eso, una perra maldita que me está coronando...Salgo coño y la… vamos...respira profundo hombre... respira profundo.
-Te gustó.. eh, te gustó-. La pregunta lleva impregnado el pícaro gesto que se le descubre en la cara. El hombre sonríe satisfecho. Ella suspira profundo.
-Me mataste, cabrón, me mataste…