Por Rodrigo Motas Tamayo
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Es una mirada que se esparce por las calles.
Una cintura quebrada en cada esquina.
Voces de la noche enterradas al amanecer
Mujer que se levanta del silencio
Sabanas, piernas,
Falo.
Es una mirada colgada en la taberna
El rincón de un retablo
O el interior de un auto
Con sabor a despedida.
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viernes, 8 de agosto de 2008
Fisonomía de un retrato
Autor: Rodrigo Motas Tamayo
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Duerme la ciudad como fotografía,
sin hijos en las ventanas,
ni pasos por sus calles.
Cantos de difuntos convergen en los cristales
donde el muro de las alamedas se ahoga en las olas
y la torre del central se desviste con el olvido.
Duerme la ciudad con fragancia de despedida,
falta el bullicio de mujeres y sombreros,
viajeros trasnochados
chismosas viejas de lo cotidiano;
multitud incinerada en las proclamas,
el trabajo
y el desespero.
No hay campanas,
disparos,
risas...
Dos muchachas se besan
hasta la muerte en el silencio de los cocoteros.
El tiempo es solo una instantánea,
mi corazón sangra por estar abierto
mientras la ciudad duerme,
sueño de la desesperanza,
hacia la fisonomía de un retrato.
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Duerme la ciudad como fotografía,
sin hijos en las ventanas,
ni pasos por sus calles.
Cantos de difuntos convergen en los cristales
donde el muro de las alamedas se ahoga en las olas
y la torre del central se desviste con el olvido.
Duerme la ciudad con fragancia de despedida,
falta el bullicio de mujeres y sombreros,
viajeros trasnochados
chismosas viejas de lo cotidiano;
multitud incinerada en las proclamas,
el trabajo
y el desespero.
No hay campanas,
disparos,
risas...
Dos muchachas se besan
hasta la muerte en el silencio de los cocoteros.
El tiempo es solo una instantánea,
mi corazón sangra por estar abierto
mientras la ciudad duerme,
sueño de la desesperanza,
hacia la fisonomía de un retrato.
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